Resguardado por impresionantes paredes rocosas de 400 metros de altura, se encuentra el cañón del Infiernillo. Este atractivo es de los menos explorados, acuden a él los más aventurados en busca de increíbles paisajes, para la práctica de deportes extremos y fotografía.
¿Cómo vivir la experiencia del cañón?
Este escenario natural de caprichosa orografía, es buscado por los más aventurados y expertos. Aunque todo aquel que pueda vivir esta experiencia, debe hacerla bajo las instrucciones de expertos y siempre acompañado de ellos.
Existen operadoras de tour que pueden dirigirte en esta experiencia y que cuentan con el conocimiento y equipo necesarios para llevarte.
Prepárate para vivir una sorprendente aventura, llena de exigencias, pero de inigualable recompensa. No es fácil realizar la ruta, sin embargo, es un hecho que se disfruta si eres una persona aventurera. Además, el entorno será enriquecedor en todo momento.
Experiencia extrema en el cañón del Infiernillo
La aventura sigue en el descenso a rappel por las paredes, donde podrás contemplar las maravillas de la naturaleza. La preparación física y mental es necesaria, pues son por lo menos 13 descensos, el más alto de 35 metros.
Puedes aprovechar para acampar en la zona, uno de los mejores sitios para hacerlo es Sáuz de Guadalupe, tendrás una vista clara de la luna y las estrellas.
Además de bajar por paredes rocosas, hay oportunidad de saltar en las pozas para refrescarte y relajar los músculos después de los descensos.
Los tesoros de agua cristalina que encontrarás en el trayecto, te permitirán disfrutar esta experiencia en repetidas ocasiones (hay por lo menos 15 pozas). Es también desafiante, porque el salto hay que darlo a alturas de hasta 15 metros, ¡siempre emocionante!
El cañón del Infiernillo es parte de la presa Zimapán, también conocida como Fernando Hiriart Valderrama. Este es el embalse de agua más grande del centro del país.
El recorrido en el cañón del Infiernillo puede durar entre 5 y 6 horas. El tiempo dependerá de la habilidad de cada persona y de las paradas que, inevitablemente, hagas para admirar las caprichosas formas que la naturaleza ha desarrollado aquí.








